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Política

Cuando la política cuesta una fortuna: empresarios dominicanos que entraron al poder y terminaron perdiéndolo casi todo

En República Dominicana abundan las historias de políticos que después de llegar al poder terminaron vinculados a grandes patrimonios.

Mucho menos se habla de la historia inversa: empresarios prósperos que entraron en política y posteriormente vieron reducirse, transformarse o desaparecer una parte importante de las fortunas que habían construido.

No existe una regla que establezca que entrar en política conduce a la ruina. Tampoco sería correcto atribuir cada fracaso empresarial a una persecución política.

Pero la historia dominicana contiene casos donde negocios, campañas, rivalidades, poder y patrimonio terminaron mezclándose de una manera costosa.

La política puede multiplicar la influencia.

También puede multiplicar los riesgos.

Juan Isidro Jimenes: cuando el empresario se convirtió en adversario del poder

Uno de los casos históricos más claros es el de Juan Isidro Jimenes Pereyra, quien llegaría dos veces a la Presidencia de la República.

Antes de convertirse en una figura política de primer orden, Jimenes encabezaba la poderosa Casa Jimenes, una de las empresas comerciales más importantes de República Dominicana fuera del sector azucarero.

Su enfrentamiento con el régimen de Ulises Heureaux, “Lilís”, terminó alcanzando directamente sus intereses económicos.

Investigaciones históricas de la Universidad Autónoma de Santo Domingo documentan medidas gubernamentales, litigios y presiones que afectaron las operaciones de la Casa Jimenes.

En este caso, la rivalidad política y el patrimonio empresarial sí llegaron a cruzarse de manera abierta.

Jimenes consiguió sobrevivir económicamente en parte gracias a la internacionalización de sus negocios, pero la experiencia dejó una lección temprana: cuando el empresario entra en conflicto con un poder político altamente concentrado, la empresa puede convertirse también en campo de batalla.

De comerciante a presidente

Jimenes alcanzó la Presidencia en 1899.

Su gobierno intentó reorganizar las finanzas públicas y enfrentar los graves compromisos de deuda del Estado.

Pero las divisiones internas, rebeliones y luchas por el poder terminaron provocando su derrocamiento en 1902.

Volvería a la Presidencia en 1914.

Su historia demuestra que la entrada del empresario a la política dominicana no siempre produjo enriquecimiento.

En determinados momentos significó exactamente lo contrario:

mayor exposición, más enemigos y riesgos directos sobre el patrimonio.

Jacinto Peynado: cuando desafiar al mentor tuvo un enorme costo político

Un siglo después encontramos un caso completamente diferente, pero igualmente ilustrativo.

Jacinto Peynado Garrigosa no llegó a la política buscando construir fortuna.

Ya era un empresario de importancia nacional.

Su nombre estaba ligado a Delta Comercial, uno de los principales grupos del sector automotriz dominicano, y desarrolló además una amplia actividad empresarial.

Posteriormente entró en política de la mano del Partido Reformista Social Cristiano y de Joaquín Balaguer.

Fue senador por el Distrito Nacional y, entre 1994 y 1996, vicepresidente de la República.

Parecía estar colocado en una posición ideal para suceder políticamente a Balaguer.

Ganó ampliamente las primarias reformistas y se convirtió en candidato presidencial del PRSC para las elecciones de 1996.

Pero entonces ocurrió algo fundamental: Peynado intentó ejercer su candidatura con autonomía frente a su propio mentor.

Balaguer quería mantener un fuerte control sobre la candidatura reformista. Peynado escogió como compañera de boleta a la empresaria Maribel Gassó y se distanció de determinadas preferencias del viejo líder reformista.

Las consecuencias políticas fueron enormes.

Balaguer mostró un evidente desinterés por su candidatura. En el cierre de campaña de 1996 ni siquiera mencionó por su nombre al candidato presidencial de su propio partido y no acudió a votar el día de las elecciones.

Peynado obtuvo aproximadamente 15 % de los votos y quedó eliminado en primera vuelta.

Después ocurrió algo todavía más contundente.

Balaguer apoyó a Leonel Fernández, candidato del PLD, mediante el denominado Frente Patriótico Nacional, contribuyendo decisivamente a su triunfo sobre José Francisco Peña Gómez en la segunda vuelta.

El candidato presidencial del PRSC había quedado prácticamente abandonado por el propio líder de su partido.

¿Arruinó Balaguer a Peynado?

Aquí debemos separar la tradición oral de aquello que puede demostrarse documentalmente.

En determinados círculos políticos dominicanos se ha repetido durante años que Peynado pagó económicamente por enfrentarse a Balaguer y que terminó prácticamente quebrado.

Lo documentable permite afirmar algo más moderado.

Peynado sufrió una derrota política extraordinariamente dura después de perder el respaldo de Balaguer.

Años después, Delta Comercial fue vendida en 2001 a un grupo empresarial encabezado por José Antonio Najri.

Pero la venta de una empresa no demuestra automáticamente una quiebra.

Tampoco he encontrado hasta ahora documentación suficientemente sólida que permita afirmar que Balaguer utilizó el Estado deliberadamente para destruir económicamente a Peynado.

Por eso el caso debe presentarse con precisión: Peynado pagó un enorme precio político por desafiar al hombre que había impulsado su carrera, y posteriormente se desprendió de uno de sus principales activos empresariales. La relación causal entre ambos acontecimientos continúa siendo mucho más difícil de demostrar.

Aun así, su experiencia pertenece plenamente a esta investigación porque demuestra otro tipo de riesgo: el empresario que cree haber heredado influencia política puede descubrir que el verdadero poder todavía pertenece a su mentor.

Rafael Corporán: del imperio mediático a morir prácticamente sin fortuna

Un caso mucho más cercano a nuestra memoria colectiva es Rafael Corporán de los Santos.

Corporán construyó un verdadero emporio. Radio Popular, Circuito Corporán, Producciones televisivas, Imprenta, Publicidad y uno de los programas de mayor audiencia en la historia dominicana, Sábado de Corporán.

Luego decidió entrar en política.

Fue elegido síndico del Distrito Nacional para el período 1990-1994.

Llegó a la alcaldía siendo ya una figura empresarial y mediática extraordinariamente poderosa.

Sin embargo, el final de su historia económica fue muy diferente.

Años después vendió Circuito Corporán y otros activos.

Después de su muerte, familiares cercanos declararon que, pese a haber manejado enormes sumas durante su vida empresarial, murió prácticamente sin dinero.

No existe evidencia suficiente para afirmar que su paso por la alcaldía fuera la causa directa de su deterioro económico.

Pero sí existe una coincidencia histórica imposible de ignorar: entró a la política siendo propietario de un poderoso emporio mediático y terminó sus días sin conservar aquella fortuna.

Ramón Báez Romano: empresa, Estado y el colapso de un conglomerado

Otro caso diferente es Ramón Báez Romano.

Empresario, presidente de la Editora Listín Diario y fundador de Baninter, también ocupó el Ministerio de Industria y Comercio durante el gobierno de Antonio Guzmán.

Su familia llegó a controlar uno de los conglomerados empresariales y mediáticos más importantes del país.

Pero en 2003 Baninter colapsó.

El derrumbe bancario afectó profundamente las empresas asociadas al grupo, incluyendo medios de comunicación.

Décadas de acumulación empresarial quedaron atrapadas dentro de uno de los mayores escándalos financieros de la historia dominicana.

Sin embargo, aquí tampoco debemos confundir las causas.

El colapso de Baninter fue fundamentalmente un problema bancario y judicial.

No existe base para afirmar que Ramón Báez Romano perdió su conglomerado simplemente por haber participado anteriormente en política.

Pero su historia demuestra hasta qué punto en República Dominicana han llegado a cruzarse: empresa, banca, medios, poder y política.

El costo invisible de entrar en política

Existe una diferencia importante entre el empresario y el político profesional.

El político puede perder unas elecciones.

El empresario puede perder mucho más. Clientes, Crédito, Socios, Contratos, Reputación, Mercados, Empresas.

Cuando el empresario entra en política, sus decisiones comerciales comienzan a interpretarse también políticamente.

Un competidor ya no es solamente un competidor.

Puede convertirse en adversario.

Un gobierno nuevo puede revisar relaciones establecidas durante años.

Una empresa que dependía excesivamente de contratos públicos puede descubrir que su verdadero negocio no era competitivo, sino político.

La campaña también consume patrimonio

Existe otro factor menos comentado.

Hacer política cuesta dinero. Movilización. Publicidad. Locales. Vehículos. Eventos. Estructuras provinciales. Personal. Logística. Contribuciones.

Un empresario acostumbrado a financiar su compañía puede comenzar a utilizar su empresa para financiar también sus aspiraciones políticas.

Ahí aparece un riesgo evidente.

La empresa produce ingresos.

La campaña consume recursos.

Si ambos patrimonios dejan de estar claramente separados, el proyecto político puede comenzar a debilitar financieramente el negocio que originalmente lo financiaba.

No hace falta corrupción para perder dinero en política.

A veces basta con intentar ganar.

Cuando cambia el poder

Otro riesgo aparece cuando el empresario desarrolla una dependencia excesiva del Estado.

Contratos gubernamentales.

Obras. Concesiones. Publicidad estatal. Exoneraciones. Licencias. Financiamientos.

Si buena parte de una empresa depende de esas relaciones, el cambio de gobierno puede transformar radicalmente su situación.

Mientras el grupo aliado gobierna, el negocio parece sólido.

Cuando cambia el poder, puede descubrirse que parte de aquella fortaleza era política y no empresarial.

La política no destruye a todos los empresarios

Sería incorrecto convertir estos casos en una regla.

Muchos empresarios dominicanos han ocupado cargos públicos y posteriormente regresaron a sus empresas sin perder su patrimonio.

Otros incluso continuaron expandiendo sus negocios.

Por eso la conclusión no puede ser:

“quien entra en política termina arruinado”.

La realidad es más interesante.

La política multiplica el riesgo.

Cuatro historias diferentes

Juan Isidro Jimenes sufrió directamente la presión de un régimen político sobre sus intereses empresariales.

Jacinto Peynado descubrió que desafiar a su mentor político podía destruir una candidatura presidencial y alterar profundamente su trayectoria pública.

Corporán entró al Ayuntamiento siendo dueño de un poderoso emporio y murió sin conservar la fortuna que había acumulado.

Ramón Báez Romano combinó empresa y servicio público, mientras años después el conglomerado familiar terminó golpeado por el colapso de Baninter.

Las causas no fueron las mismas.

Y sería incorrecto colocarlos a todos dentro de una teoría única.

Pero comparten algo: todos tenían patrimonio antes de alcanzar grandes posiciones políticas.

Y todos comprobaron, de maneras distintas, que el poder político también puede producir costos.

La pregunta que rara vez hacemos

En República Dominicana existe una sospecha histórica muy arraigada: que quien entra en política lo hace para enriquecerse.

En determinados casos esa sospecha puede tener fundamentos.

Pero estas historias obligan a observar la otra cara.

También existen personas que llegaron al poder teniendo ya empresas, dinero y prestigio.

Y después terminaron perdiendo influencia, empresas o patrimonio.

Quizás por eso, cuando un empresario anuncia que quiere convertirse en presidente, senador, alcalde o dirigente político, no deberíamos preguntarnos solamente: ¿cuánto dinero aportará a la campaña?

También deberíamos preguntarnos: ¿cuánto está dispuesto a perder por entrar en política?

Porque empresa y política pueden producir una combinación extraordinariamente poderosa.

Pero cuando la relación se rompe, la factura también puede ser extraordinaria.

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